domingo, 17 de junio de 2012

Cárceles ¿forma civilizada de castigar?


Por Blanca Padilla

“Dalia”, la vamos a llamar así, es maestra, tiene 26 años, da clases actualmente a niños de tercer grado en una escuela primaria rural del estado de Oaxaca. En el sureste de México.

Para ella, la vida no volverá a ser igual después de 2006. Su capacidad visual disminuyó considerablemente luego de los golpes y  maltratos a los que fue sometida durante su detención y encarcelamiento, primero en Miahuatlán y luego en el penal de mediana seguridad de Tepic, por su participación en el movimiento magisterial.

“Sólo es físico el daño” dice, “mi voluntad está intacta. Otros compañeros no pueden decir lo mismo, todas las torturas físicas y psicológicas a las que nos sometieron en la cárcel de Tepic iban encaminadas a perdernos, a someternos hasta la ignominia y con algunos lo consiguieron”.

Sus facciones se endurecen y su pequeño cuerpo se inquieta ante el recuerdo. “Cuando nos vieron los custodios en Tepic se rieron de nosotros”, sigue su relato. “Parecíamos niños de kinder al lado de esos grandulones que con fuertes carcajadas nos dijeron:

-¡Ustedes pendejos fueron los que hicieron tanto desmadre!

-¡Yo creo que los pendejos son otros!, gritó uno más y continuaron riéndose mientras nos miraban con desprecio”. Recordó Dalia, quien, según comentó, su estancia en la cárcel no la afectó emocionalmente porque se escapaba de esa realidad de encierro y ultraje, cantando.

--Yo cantaba, a pesar de que los custodios que me callaban cada vez, y lo hacía fuerte, con la esperanza de que mis compañeros me escucharan y sintieran ánimos.

De Miahuatlán a Tepic, ignominia y terror sicológico

Cefereso de San José del Rincón, Tepic, Nayarit.
A los presos durante el movimiento magisterial de 2006, en todo caso, les correspondía ser procesados en Ixcotel, la cárcel local; sin embargo, los llevaron a Miahuatlán. Cometiendo con esto una primera violación a sus derechos jurídicos y humanos. La segunda fue no darles oportunidad alguna para defenderse. No se les permitió presentar pruebas en su favor en las 72 horas siguientes a su detención.

La tercera, y más grave, fue trasladarlos, 20 días después, a San José del Rincón, Tepic, en el estado de Nayarit,  a un penal federal de mediana seguridad.

Para este propósito, los subieron esposados a los helicópteros, donde los llevaron amontonados, en posición fetal, amenazándolos todo el tiempo con arrojarlos al vacío, sobre todo cuando sobrevolaban el Pacífico. 

Vida carcelaria

Algunos de los maestros y miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que fueron apresados, sólo permanecieron en Ixcotel, mientras, otros,  como Dalia,   estuvieron  primero en  Miahuatlán y enseguida los trasladaron a Tepic.

Penal de Miahuatlán, Oaxaca.
Dadas estas circunstancias, ella nos pudo decir que el común denominador en estos tres penales es  el maltrato que se les da a los presos políticos, algo peor, en algunos aspectos, que a los delincuentes comunes.

Al llegar al penal de Miahuatlán, todo preso debe permanecer hasta un mes en el Centro de Observación y Clasificación (COC), una celda de unos18 metros cuadrados donde se determina su perfil criminalístico. “Es un penal para hombres por lo que, nosotras como mujeres tuvimos que convivir en el  COC con enfermos mentales o discapacitados durante los 20 días que permanecimos ahí”, explicó Dalia.

Dijo que mientras los presos comunes pueden entrar y salir de su celda, ellos debían bajar a las seis de la mañana y no podían regresar sino hasta las siete de la noche.

Según Dalia, estructuralmente, el penal de Miahuatlán consta de 3 edificios denominados “A”, “B” y “C”. En el “C” están los “Malillas”, presos que cometen un delito o se drogan dentro del penal y a este edificio también lo llaman “El Titanic” porque cuando llueve siempre se inunda.

Casi todas las celdas son para cinco presos, por el número de “piedras” o camas que tienen; pero, es común que haya más de cinco. En el patio están las canchas deportivas y una palapa o kiosco para las visitas. Es como un pueblo chiquito, refirió, porque además cuenta con una escuela a la que asisten entre 20 y 30 niños, hijos de los presos.

La situación empeoró para ellos en el penal de Tepic. “Los horarios eran más estrictos. A las cinco de la mañana todos debíamos estar despiertos, hacer las camas y bañarnos con agua fría lo más rápido posible. Teníamos sólo 5 minutos para hacerlo. Luego venía el pase de lista y el desayuno. Quien no cumplía con la rapidez requerida recibía insultos o golpes. “El régimen es militarizado”, resumió.

Ahí, por lo que observaron, los presos comunes están más restringidos que en penales como Ixcotel o Miahuatlán. Pueden andar en el patio, pero no solos, hay celadores que los vigilan a cada paso. Tampoco se pueden reunir más de dos; pero los presos políticos no podían ni siquiera abandonar sus celdas.

Acerca de la comida, Dalia comentó que en Tepic es buena y abundante, generalmente a base de carne y que también les dan postre; pero, si éste les gusta a los custodios se lo quedan y lo mismo ocurre en el caso de los guisados que a veces llegan “rasurados”, sin carne.

Infierno anticipado

En Miahuatlán, los “malillas” o drogadictos, rebeldes y los que cometen algún delito dentro del penal son enviados de un mes a un año a celdas de castigo, infestadas por cucarachas y embadurnadas de excremento y vómito, donde permanecen trabajando, aislados, sin convivir con la “población”.

Pero, con todo, refirió Dalia, “la vida de un prisionero en Miahuatlán es más llevadera que en Ixcotel y mucho mejor que en Tepic; nosotros no podemos decir que fuimos tratados mal”, dijo.
Cereso de Ixcotel, Centro Oaxaca.

“En Miahuatlán los presos son más crueles que los directivos” señaló. Cuando les piden que sugieran castigos para los infractores, generalmente proponen llevarlos a “El Pozo”, un cuarto sin luz, ni ventilación ni baño que se halla en una especie de sótano, diseñado para castigos severos. Este sitio generalmente es usado para recluir a drogadictos que cometen ilícitos y a veces a petición de los mismos, cuando quieren dejar el vicio.

Pero, esto es muy indulgente en comparación con lo que ocurre en la cárcel de Tepic, de acuerdo con lo que relató “Armando”, un integrante de la APPO que estuvo preso ahí.

Las celdas de castigo extremo, en Tepic, tienen 1 metro de ancho por 1.5 de largo y 1.60 de altura. Son prácticamente cubos de cemento con una puerta de acero que tiene una abertura pequeña, arriba, que solo permite una ventilación deficiente, apenas para sobrevivir, y otra, abajo, por donde pasan la comida, generalmente podrida, dijo.

Este cubo, según refiere Armando, tiene un pequeño agujero que da al drenaje, en el, por ahí se va la orina, mientras que, el excremento permanece en el piso.

“Yo estuve más de una vez ahí por levantar la voz y atreverme a replicar ante los custodios. Me dejaban totalmente desnudo  y cada día, a las cinco de la mañana, luego de una terapia sicológica consistente en mentadas de madre e insultos de todo tipo, me bañaban a manguerazos con agua helada”, comentó Armando con humor ácido, característica que lo ayudó a sortear el sometimiento sicológico en Tepic.

Nos refirió también de presos que llegan a permanecer años en esos calabozos, donde quienes tienen un cuerpo robusto y estatura elevada simplemente no pueden moverse y la única forma en que pueden consumir agua durante el día es aprovechando los manguerazos del baño matutino, porque no hay más.

Muros, sólo muros

Cefereso de San José del Rincón, Tepic, Nayarit.
La cárcel de Tepic, con un perímetro similar al del centro histórico de la ciudad de Oaxaca, según refieren los entrevistados, está rodeada por tres gruesos muros y en el interior se encuentran los juzgados y otras dependencias judiciales. “Es tan grande como un pueblo”, dijo Dalia.

Para trasladar a los presos a cualquier lugar los esposan, les ponen grilletes en los pies y los obligan a ir agachados. “El que se atreve a mirar a un celador es golpeado”, refieren.

“Ahí no existe respeto por la persona humana, eres un objeto más, de pronto llegan y te inyectan o te sacan sangre para hacerte análisis, por ejemplo, y nunca te preguntan si estás de acuerdo, ni te informan qué sustancia te inyectaron”, relata esta maestra de la sección 22 desde su humilde vivienda construida con madera y láminas de latón.

Así también, comenta que al agua y a la comida que consumen los presos diariamente le ponen nitro, para inhibir en ellos el deseo sexual. “Hasta en eso se ve que Oaxaca es un estado pobre, mientras en Tepic diariamente nos ponían nitro, en Miahuatlán sólo lo hacían una vez por semana y más diluido”, comentó Armando.

“Las esposas también son de risa en Miahuatlán, ya que son de plástico mientras que las de Tepic son de acero y encima te ponen grilletes y una especie de bozal del mismo material, allá están muy bien equipados”, comentó Dalia.

Armando relató también que en Tepic era común que los celadores los intimidaran con los perros, que se burlaran de ellos y que los golpearan, a veces a través de almohadas para no dejar huellas externas.

“Ocurrieron muchos casos de verdadero atropello a los derechos humanos” señaló Estela, otra maestra que también estuvo presa en Tepic. “Al padre de uno de los compañeros le quitaron los dientes porque tenía incrustaciones y dientes postizos y no debe pasar nada metálico. Y todo para una visita de 10 minutos”, dijo.

“Las visitas que Derechos Humanos nos hizo en este penal, eran una burla”, comentó Armando, “nos pedían que habláramos con toda confianza, que nadie escuchaba y que ellos serían discretos, como si no supieran que en todo momento estábamos siendo apuntados por cámaras”, tan sólo uno más de los atropellos que sufrieron.

Datos

Maestros y appistas fueron detenidos el 27 de noviembre de 2006, por los enfrentamientos del día 25 de noviembre con la Policía Federal Preventiva.

Cárceles a las que se les trasladó:
Penitenciaría Central de Santa María Ixcotel
Penal de Miahuatlán, Oaxaca
Cereso de San José del Rincón, Tepic, Nayarit
Centro Federal de Máxima Seguridad de Matamoros, Tamaulipas
(Estas dos últimas prisiones se encuentran a más de mil kilómetros de distancia de la ciudad de Oaxaca)
Penal de máxima seguridad del Altiplano, antes La Palma, en Almoloya de Juárez, estado de México (Flavio Sosa Villavicencio y otros dos appistas).

El 17 de diciembre de 2006, liberaron a 43 de los presos que se encontraban en el penal de mediana seguridad de San José del Rincón, Nayarit, otros continuaron ahí.

Saldo del conflicto magisterial de 2006
349 personas detenidas
370 lesionados
25 fallecidos

Fuente: CNDH

*Entrevista publicada originalmente en Diario despertar de Oaxaca, 2009.

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