miércoles, 18 de julio de 2012

"Zona de violación"

Por Marco Lara Klarhk / Edar Medi@_tica

«Viola a su hija; la enseña a ser mujer» [Noticias Vespertinas, marzo 6, 2007, con tipografía roja en portada] y «¡Qué poca…!» [Metro, abril 1, 2010, en tipografía calada sobre la fotografía de portada de la madre de Paulette] son de los titulares más brutalmente machistas publicados en medios informativos durante el más reciente lustro.

Habitualmente, en las redacciones los periodistas celebramos este tipo de encabezados, considerándolos perlas del ingenio editorial. Es entendible. En su verticalidad, las redacciones de los medios suelen ser espacios donde quienes producimos la información vivimos sometidos a los mandos editoriales.


Llevan la peor parte las compañeras periodistas, que en diversos medios ganan menos, se desempeñan en condiciones más ínfimas y carecen del derecho a ser madres, en el sentido de que muchas de las que lo desean no pueden desarrollarse con plenitud como periodistas y madres, aparte del acoso sexual y las relaciones laborales masculinizadas.

Esas redacciones donde se expresan el machismo y sexismo estructurales producen y publican fatalmente noticias con enfoques machistas y sexistas, y hasta llegan a celebrarlas. Ahí se revictimiza a las víctimas, con más saña si son mujeres porque el machismo y el sexismo poseen una carga de misoginia, y en una sociedad machista y sexista los/las discriminadores/as de las mujeres son impunes.

En enero de 2011 publiqué en mi antiguo blog «meDios» la entrada «… otra fue golpeada porque menstruaba», exhibiendo otra muestra de este fenómeno, trasminado en noticias que a su vez refuerzan el machismo y sexismo entre la comunidad ―con lo cual la noticiosa se revela como industria discriminatoria.

Aludía a la nota «Zumpango: asaltan obra y violan a una mujer» [La Jornada, abril 6, 2008], la cual informaba que «Unas 25 personas armadas robaron siete mil metros de cable eléctrico, herramientas y 12 mil pesos destinados a la nómina en la obra de construcción […] La policía municipal indicó que los atacantes amordazaron y golpearon a 20 albañiles y tres vigilantes de la obra. Además, al menos siete abusaron sexualmente de una mujer de 18 años que había llevado cena a su marido y la dejaron inconsciente; otra fue golpeada porque menstruaba y no quisieron violarla».

Anotaba que: «En la cabeza como en el cuerpo, la jerarquización editorial considera más relevante el robo. […] esta forma de organizar la realidad dando la mayor relevancia a un robo anodino sobre el ataque físico a 23 trabajadores y la violencia machista extrema contra dos mujeres fue determinada desde el emisor originario de la noticia, “la policía municipal”. Quien hizo la nota y su editor se sometieron a esta pauta, denotando un ejercicio profesional en automático, guiado por un clásico parte de comandancia».

Añadía que «La violación tumultuaria, que constituye un crimen machista, ni siquiera es nombrada así. En los hechos, también se le minimiza no sólo por mencionársele casi al final […], sino porque ella aparece en relación de dependencia respecto de “su marido”».

Y concluía que «se atribuye a una de las víctimas la responsabilidad sobre el ataque en su contra, al afirmarse que “otra fue golpeada porque menstruaba”. De acuerdo con esta narrativa, no la golpearon por criminales, ni por abusivos, ni por misóginos, ni por impunes, sino porque osó menstruar justo cuando a ellos se les apetecía violarla…».

Ahora, al seguir el manejo noticioso del asalto a un campamento en el Parque Ecológico El Colibrí [oriente del Estado de México, julio 12, 2012], vuelvo a encontrar el fenómeno que he referido. En la noticia «Ignoran denuncias en zona de violación» [julio 15, 2012] ―encabezado que normaliza la existencia de lugares donde con frecuencia se ataca a mujeres, como decir «zona escolar» o «zona de derrumbes»―, Reforma cita supuestas palabras de la madre de una de las adolescentes víctimas de abuso sexual y otras formas de violencia machista: «Fue ella una de las que atacaron [se refiere a su hija de 13 años]. Ella no fue ultrajada, pero sí la tocaron, invadieron su privacidad, le tocaron sus partes privadas y fue eso nada más. […] «Aparte del susto y de las amenazas […] pero afortunadamente no la lastimaron, no la hirieron».

Esa mujer no está obligada a saber que al decir esto para su publicación, si es que lo dijo tal cual, justifica y minimiza la violencia sexual y machista, proponiendo una escala de valores donde el que su hija fuera «tocada» no constituye ultraje y ya que los agresores «nada más» le tocaron «sus partes privadas», «afortunadamente no la lastimaron».

En cambio, los reporteros que produjeron la nota y los editores que la publicaron están obligados, ineludiblemente, a producir noticias con referentes deontológicos basados en perspectiva de género; en tanto profesionales que nos beneficiamos de las libertades de información, nuestra profesión es delimitada por normas éticas y legales específicas.

En el periodismo debemos proteger a las víctimas con estándares editoriales explícitos, no solo porque en un escenario dado ellas son las más vulnerables, sino porque muchas veces hablan con nosotros confiadas en nuestro profesionalismo y lealtad.

La semana próxima hablaré de guías disponibles para comunicar con perspectiva de género, sin sexismo ni discriminación, y evitando la revictimización de las mujeres.

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