martes, 17 de julio de 2012

Homenaje a Guillermo Fernández en la Henestrosa

Los poetas Sergio Ernesto Ríos, León Plascencia Ñol y José Molina rendirán un merecido homenaje póstumo al poeta tapatío Guillermo Fernández, quien fuera asesinado a fines de marzo en su casa de Toluca. Este acto tendrá lugar el viernes 20 de julio a las20:00 horas en la Biblioteca Henestrosa.

Comunicado
***

La poesía de Guillermo Fernández se distingue por la condición perdurable de sus imágenes y por cierta suntuosidad verbal que en ocasiones toca las superficies desaforadas del delirio, como en una suerte de pérdida de control que termina siempre por convertirse en triunfo sobre el material vital que la sustenta. 

Sus poemas en prosa preceden de alguna manera a buena parte de las corrientes experimentales de poetas de generaciones posteriores a la suya. Desde Visitaciones (1964), este poeta demarca sus ritmos, pule sus instrumentos expresivos y, donde encuentra la savia o la sangre, hinca su visión para extraer la encendida palabra que anima a las sombras, los sueños y los deseos.

Toda su obra, pero particularmente La hora y el sitio, está poblada por seres mitad reales y mitad imaginarios con los que juega a recobrar y perder, alternativamente, los discursos del silencio, los ambientes en que se han transfigurado el amor, la soledad, el misterio de la existencia. Hay aquí algo de religiosidad que se quiere liberar de los imperativos accidentes del conocimiento. 

¿Qué formas adopta este rescate, esta pesquisa de lo trascendente tras lo cotidiano? Para Guillermo Fernández el color, la textura y el volumen de cada palabra están envueltos en las leyes de un meta-lenguaje que no se detiene ante nada. Todo lo dice, todo lo recoge como si se tratara de joyas ardientes. 

La sabiduría verbal de Fernández, su dominio de las mínimas oscilaciones del significado, su incorregible vicio de la exactitud, son para el lector auténticos paraísos donde surgen las más raras voces, los más altos frutos del tiempo fugitivo. 

Su mundo se complica hasta lo indecible, pero si en él se entra dispuesto a desentrañar su misterio, el que lee vive, literalmente, la experiencia luminosa de una poesía que creíamos desaparecida.    

Fernández fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA). Entre los escritores que tradujo del italiano al español están Alberto Moravia, Natalia Ginzburg, Italo Calvino y Antonio Tabucchi. Ganó el premio Juan de Mairena en el IV Verano de Poesía de 2011.

Fernández tuvo una trayectoria lírica ejemplar e intachable: en 2011 presentó Arca: obra reunida, pieza que comprende por completo su trabajo de poesía; en lo que respecta a la traducción son miles las páginas que Guillermo transcribió del italiano al español, desde narrativa, poesía, ensayo, novela y cuento.     

Hablando a Cernuda                                                           
       Guillermo Hernández
 “…y con sueño se
volvió
—lentamente  
Adonde nadie  
Sabe nada de nadie.  
                                                                                                                     Adonde acaba el mundo.”

Yo soy la soledad en crecimiento
la sola cuerda en una sola lira,
la afilada presencia que conspira
contra el paso del día bajo el viento.

Surtidor de un secreto movimiento,
sobrevivo a la luz. En mí respira
la vida eterna de la noche y gira
la quietud indecible de su aliento.

He venido a olvidar aquella espuma
que vio la transparencia de la nada.
No me importa saber lo que consuma

el bullicio del día que se dora
en coágulos de vida abandonada.
Solitario en el bosque y en la hora.


II

¿Hacia qué luz viaja Noviembre;
en qué mano su cuerpo se desgrana
y siembra la tristeza de pensarte
en un hondo balcón deshabitado?

Lo sabías: “La vida no es un sueño”:
es una larga vigilia cenicienta
que afila su verdad de espina pura
en la yema sin fin de la memoria.

(Existe la Belleza
—el terso endriago rubio.
Su blanda mordedura
espiga los islotes al alcance
de un sueño que se sueña en el otoño
y mata lo que toca o lo que mira.)


III

Te fuiste por el hilo de la duda
de estar con los demás como contigo:
a sombra y luz a solas, sin testigo
al ser lo que en tus manos se reanuda.

“Triste sino nacer” bajo la ruda
condición de viajar sin un amigo.
Sin tú saberlo, te seguí y te sigo
como una sola sombra, Luis Cernuda.

En la barca del agua un cielo manso
nos deja contemplar lo que tu vida
tuvo de la tormenta y del remanso.

Tu voz responderá contra las olas
del viento y el olvido desmedida.
Yo me quedo contigo, solo, a solas…


IV

La noche, dilatadamente sola,
ahonda tragaluces al vacío
y planta dedos finos en las cosas
que acechan los racimos de esperanza.

En sus manos la vida es agua lenta,
la caída incesante del deseo
que mira hacia el final puerto del alba
despierto ante la luz lo halla desierto.

Tu palabra se acoda en la ventana
y deja deslizar su pluma leve
al aire de esta noche pensativa;
inunda los rincones de la hora
con un rumor de seda oscura
o un agua de olvido entre la hierba.


V

Por ti, el hemisferio que te nombra
sabe de la memoria sin olvido,
del tiempo que he llorado por perdido
al encontrar tu árbol sin la sombra.

Otoño que se va, deja la alfombra
al pie de un nuevo aire ya encendido.
El cielo es un diamante desabrido
y el tiempo en un rincón su peso escombra.

La loma que te duerme en aire antiguo
sabe el perfil exacto de tu viaje
y se ahonda la tierra en un viraje

que confunde el ocaso con el orto.
Tiene un ciprés el corazón ambiguo;
musita su palabra y queda absorto.


VI

Tú viniste a mirar rostros amables
como viejas escobas.
Yo estoy para olvidarlos.
Primer aniversario, noviembre de 1964.

De La palabra a solas

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