sábado, 26 de noviembre de 2011

Acentuación, un artificio necesario

Blanca Padilla
 
En la Europa del siglo X, el torvo jefe de un grupo de guerreros vikingos le pregunta a un poeta e historiador, a la sazón embajador del refinado mundo árabe en tierras nórdicas, si sabía trazar sonidos.
“Sí, los sé trazar y cuando los veo trazados también sé descifrar lo que dicen”, responde, tras razonar la pregunta, el personaje interpretado por Antonio Banderas  en la película Los 13 guerreros, una cinta basada en una novela de  Michael Crichton que a su vez se inspira en el poema clásico inglés Beowulf

Y, qué otra cosa hacemos al escribir, si no  trazar sonidos, retratar nuestra forma de hablar usando signos que, en el caso del español son 29 grafías o letras, 13 signos de puntación y otros como la tilde o acento (´) que usamos para marcar la sílaba que pronunciamos con mayor fuerza, cuando la escritura natural de alguna palabra no representa nuestra pronunciación habitual. Por ejemplo: no decimos "arbol", decimos "árbol".
Qué es lo que intentamos decir con esto, ni más ni menos que el acento o tilde es un artificio, un pequeño trazo que usamos para retratar, más fielmente, sobre el papel la forma en la que nos expresamos de manera oral.

Eso no es todo, los acentos no sólo sirven para que nuestros lectores o descifradores de trazos sepan dónde imprimimos mayor fuerza a la pronunciación, también sirven para imprimirles un significado total o parcialmente distinto a trazos similares.

Así por ejemplo: no significa lo mismo méndigo que mendigo; ápodo que  apodo; mérito que merito; modulo que módulo; construyo que construyó; admire que admiré; se que sé; etcétera.

Desafortunadamente, la corrección en la escritura está perdiendo importancia en los últimos tiempos. Ni las instituciones educativas ni los medios de información e incluso ni las editoriales se preocupan por la calidad de lo escrito. La ley del mínimo esfuerzo y la apuesta por una producción veloz y a menor costo imperan.

Escribir atendiendo las reglas se ve como una necedad, como una imposición, cuando es en realidad una necesidad para comunicarnos con eficacia. Las reglas gramaticales y ortográficas no hacen más que recoger la manera en la que hablamos y explicarnos a los hablantes cómo podemos hacer esto mismo por escrito, mediante los trazos convencionales de nuestra lengua.

Como apunta Gabriel Zaid en su artículo Periodismo cultural

“Lo escandaloso no es que se escriban reportajes, comentarios, titulares o pies de fotos con tropezones parecidos (Fox, leyendo Borgues en lugar de Borges), sino que lleguen hasta el público avalados por sus editores. O no ven la diferencia o no les importa. Así como los títulos profesionales avalan la supuesta educación de personas que ni siquiera saben que no saben (aunque ejercen y hasta dan clases), los editores avalan la incultura como si fuera cultura, y la difunden, multiplicando el daño. El daño empieza por la orientación del medio (qué cubre y qué no cubre, qué destaca, bajo qué ángulo) y continúa en el descuido de los textos, los errores, falsedades, erratas y faltas de ortografía”.

IESO, especial atención a la corrección en la escritura

En atención a la necesidad de escribir correctamente, el Instituto de Estudios Superiores de Oaxaca (IESO), se propuso, a partir del cuatrimestre que está por terminar, atacar de manera enfática las deficiencias ortográficas de los jóvenes de nuevo ingreso de la carrera de Comunicación.

La coordinadora de esta licenciatura, Magdalena López Rocha, ha puesto especial interés en promover, no sólo entre los alumnos sino también entre el personal docente y administrativo de esta institución, la importancia de escribir de manera correcta.

En atención a esto, en el primer cuatrimestre de Comunicación, los jóvenes llevan la materia de Redacción con énfasis en acentuación y, como una forma de revalorar lo bien escrito, en días pasados se organizó el primer concurso de ortografía en el IESO. 

En este certamen participaron 10 equipos, de cuatro alumnos cada uno, y resultaron ganadores los del equipo del séptimo cuatrimestre, grupo "A". 

A los tres primeros lugares se les colocó una corona de laureles, como símbolo del honor que representa escribir de manera correcta nuestro idioma y se les regalaron algunos libros donados por la Secretaría de Cultura. No se pensó en ningún premio de carácter económico porque se pretende recuperar el valor del prestigio, por encima de la valoración monetaria que actualmente domina en prácticamente todos los ámbitos.

En la misma sintonía, los estudiantes de primer cuatrimestre organizaron, durante esta semana de noviembre, que acaba de terminar, una campaña de acentuación por las calles de la ciudad de Oaxaca. 

Noventa jóvenes, divididos en equipos, se dedicaron a detectar rótulos, de instituciones o negocios, en los que hicieran falta o sobraran acentos, para corregir los gazapos con la previa autorización de los dueños de los establecimientos.

De acuerdo con lo relatado por los estudiantes, la gente se mostró agradecida de que les hicieran conocer sus errores y hubo algunos que incluso se avergonzaron, mientras que los curiosos se mostraban interesados en lo que sucedía, aunque incrédulos. Tal vez, como la mayoría, ellos tampoco juzgan importante acentuar.

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