Por Blanca Padilla

Quiero pensar que fue de indignación por ver destruido “su hemiciclo”, que no pensó lo que estaba
diciendo. Confinar los derechos de protesta solo a los partidos políticos sería
volver al pasado, retroceder al México corporativo que fundó Lázaro Cárdenas y
que se perpetuó por muchas décadas.
Eso es justo lo que
quiere el nuevo régimen, homogeneizar a la sociedad y terminar con la protesta
civil, por eso la gran prisa también por firmar el famoso Pacto, sin importar lo que pensamos quienes no nos sentimos representados por ningún partido.
La clase
política “se entiende” y no le reconoce ningún lugar a los ciudadanos, a la
sociedad civil, en el ejercicio del poder público.
Como bien escribió Carlos Monsiváis en No sin nosotros: aún cuando a partir de 1985 la presencia de la
sociedad civil en la toma de decisiones públicas es más decidida, “(la clase
política) se impone, y el apotegma del cinismo (‘Vivir fuera del presupuesto es
vivir en el error’) podría extenderse: vivir ‘fuera del Estado’ es aceptar las
represiones, las luchas internas, el desgaste, las frustraciones, el siempre
comenzar de nuevo”.
Ganar las calles para hacerse escuchar no fue una batalla
fácil, nos costó cientos de estudiantes, campesinos y obreros muertos, presos,
desaparecidos, hombres y mujeres valerosos. No es hora de perder el camino
andado, aunque sí, de buscar formas más
efectivas de protesta. Sin violencia y sin necesidad de pertenecer a partido
alguno.
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