Por Blanca Padilla
Para Julio Sherer, el gran periodista mexicano del siglo XX, entre la prensa y el poder existe una inevitable relación de amasiato, pero entre ellos ve imposible el matrimonio. Hace algún tiempo resumí esto en una frase: “Matrimonio imposible, amasiato inevitable”.
Traigo esto a cuenta, porque me parece un tema que sigue
a discusión: cómo debe ser el comportamiento correcto de un periodista frente
al poder. Por un lado tenemos que acercarnos con amabilidad hacia quienes lo
detentan, para obtener información, y, por el otro, debemos cuestionar siempre su
actuar.
Cuidar nuestras fuentes nos recomiendan los grandes maestros,
entre ellos Scherer. Sin embargo, qué es necesario hacer para “cuidarlas”, qué
significa “cuidar las fuentes”, hasta dónde nos asiste lo ético y en qué
momento, con este propósito, caemos en prácticas corruptas o por lo menos sospechosas.
En qué momento nuestro actuar nos pone en el ojo del
huracán y damos motivo para la crítica y hasta la maledicencia, como le ha
ocurrido a tantos compañeros, con razones fundadas o sin ellas.
Este es el caso de Jorge Luis Martínez, reportero por convicción
desde 2006 y últimamente denostado entre el gremio periodístico y acusado de
ser policía, no periodista, luego de haber sido retenido hace un mes, junto con personal de
la Secretaría de Seguridad Pública, en una comunidad en conflicto.
Licenciado en Lenguas
Extranjeras por la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, Jorge
Luis Martínez, se unió en 2006 al movimiento magisterial. Miembro del Consejo
Universitario en ese entonces. Se encargó por un tiempo de conducir la recién
tomada Radio Universidad.
Ahí se fortaleció su gusto por el periodismo. Sin
embargo, tan solo 15 días después de la toma de Radio Universidad, el 29 de
junio, este joven, entonces de 23 años, fue
brutalmente golpeado con bats y tubos al interior de la Univesidad.
Luego de tres días de permanecer hospitalizado en el
Hospital Civil “Doctor Aurelio Valdivieso”, el diagnóstico fue desolador para
sus padres y amigos: Jorge Luis no volvería a caminar ni a mover los brazos.
Suerte de reportero
No obstante el pronóstico médico, se impusieron la juventud y el buen ánimo, que parece
siempre acompañar a Jorge Luis, y bastaron tres meses de rehabilitación para
que recuperara la movilidad de sus extremidades. Y no se quedó en casa.
Contrariando los deseos de sus padres volvió a las calles para seguir cubriendo
lo que ocurría con el movimiento magisterial.
“Suerte de reportero”, esgrime Jorge Luis, con su
engolada voz, para explicar que a su regreso a las calles le tocó cubrir el
ataque a las antenas de Canal 9 y el asesinato del reportero norteamericano
Brad Will. “Lo tenemos todo registrado en video”, se ufana.
Este trabajo ya no lo hizo para Radio Universidad, donde
según su apreciación había una marcada división. “No trabajé con la doctoraBerta”, afirmó categórico, y agregó que en la radio universitaria dominaban
grupos de izquierda radical: anarquistas, anarcomagonista, zapatistas y él se
identificaba con la corriente magisterial. Sus padres son profesores, él doctor
en Historia, ella psicóloga educativa.
Para octubre que fue cuando volvió a reportear, Uriel
Rodríguez, un amigo suyo había creado el blog Oaxaca en Pie de Lucha y a este
proyecto se adhirió.
Sus antecedentes en los medios vienen desde 2005, cuando
algunos maestros del comité fundador de Radio Plantón, durante el movimiento
magisterial de ese año, lo buscaron para ponerle voz a un video y en este
momento no se ve haciendo otra cosa que no sea diarismo.
“No sé qué sería de mí si no hubiera existido aquella reunión
de compañeros en la Facultad de Lenguas, donde decidimos apoyar al movimiento
magisterial”, piensa en voz alta y reafirma que aunque no estudió Comunicación o Periodismo, esta profesión es
lo que le gusta y en ella ha vivido experiencias muy interesantes.
“Suerte de reportero”, vuelve a decir, al relatar la
forma en la que se enteró, antes que nadie prácticamente, del atentado sufrido
por la Caravana por la Paz hacia San Juan Copala, en 2010, donde fueron
asesinados la mexicana Bety Cariño y el
finlandés Jyri Jaakkola.
Jorge Luis no fue al lugar de los hechos. Habían recibido
comentarios en torno a la caravana en los que se le calificaba como una
provocación y les aconsejaban no ir, como si lo hicieron otros reporteros.
En los momentos en los que ocurría ese lamentable crimen
él estaba en el sepelio del hijo de unos amigos de sus padres, en un panteón de
la capital. Asistieron muchas personas ligadas al movimiento magisterial y la
lucha social y una de ellas recibe una llamada del padre UVI en la que les
comunica acerca del hecho.
El padre UVI, Wilfrido Mayrén Peláez, le confirma el dato
y acto seguido la da a conocer por Radio Plantón y Zaachila Radio. Comienza entonces
a buscar más información y antecedentes del hecho.
Un día después logra establecer contacto con el alto
comisionado de las Naciones Unidas, que ya se encontraba en el lugar, y se
mantiene en constante comunicación con él hasta que se entera de que dos
reporteros desaparecidos ya estaban a salvo.
Vuelve a informar de la situación, antes incluso de que
el gobernador del estado, Ulises Ruiz, dé su versión en el programa de la
periodista Denise Marker y, ante esto, recuerda, fue acusado por el director de
la revista Contralínea, Miguel Badillo, de exponer la vida de sus reporteros, quienes
acompañaron a la Caravana y se hallaban desaparecidos en la zona de conflicto.
“Él sabía que ellos ya estaban bien, pero el acuerdo era
que lo anunciara Ulises Ruiz”, se justifica Jorge Luis, quien vuelve a atribuir
a la suerte el hecho de que haya gente que busque a Oaxaca en Pie de Lucha para
darle primicias.
Aunque haya quienes dicen de él que no es periodista y
que se allega información por oscuros caminos, Jorge Luis se precia de las
primicias que ha ganado, de que su página es monitoreada por muchos medios
locales y nacionales y de sufrir constantemente del plagio de las notas que
sube.
Trifulca entre priistas y reporteros, 11 de abril 2012. |
Considera que esto se ha logrado porque a diferencia de
quienes integran su equipo, los reporteros de otros medios “terminan a las seis
de la tarde y después de esa hora no existe en ellos mayor compromiso, en
cambio nosotros estamos pendientes de lo que surja las 24 horas”.
“Nosotros hemos
generado confianza entre la gente, por eso nos buscan”, afirma y acepta que haber
participado en el movimiento si los ayudó a ganarse contactos valiosos, sin embargo,
opina que lo decisivo es que han sabido conservarlos y hacerse de muchos más.
“Cuidamos a nuestras fuentes, sabemos cómo pedir, en
cambio hay compañeros que llegan exigiendo la información y creo que no es así.
Cuando sabemos hacer las cosas todo fluye. La gente nos llama a nosotros antes
que a nadie y eso nos ayuda a tener buena información”, dijo.
“Creo que en esto es fundamental la formación familiar y
la formación política, alguien que no tenga esta formación fácilmente se
convierte en mercenario, en un sicario informativo”.
“Alguien que no tenga claridad de a qué vienes al mundo y
cómo puedes ayudar a construir un mundo mejor, va a terminar siendo una persona
que le cobre una entrevista al del PRI, como le puede cobrar una entrevista al
del PRD o extorsionar al líder de la sección 22”.
Así piensa Jorge Luis Martínez, cuyo ciberperiódico
dedicado más a la nota policiaca, derechos humanos y movimientos sociales,
aunque no escapa al común denominador de los demás: la publicación de boletines,
sí cuida un poco más la edición y, a decir de él, su información ha sido usada
por medios como La Jornada y Proceso, entre otros medios nacionales e
internacionales.
La única queja, en lo personal, hacia Jorge Luis, quien
nos dio esta entrevistas en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) uno
de esos días en los que asistimos al Taller de periodismo de La Jornada, hace
dos semanas, es que, habiendo citado una frase de Julio Scherer se le preguntó
qué tanto lo había leído y no, no lo conoce.
Luego, confundió a Poniatovska con Cristina Pacheco y en
sus palabras La noche de Tlatelolco pasó a ser La noche triste de Tlatelolco. Entre
sus libros favoritos solo atinó a mencionar La Biblia, en recuerdo de Peña
Nieto y Cien años de Soledad.
“Es cierto que la gente se pone nerviosa cuando le
preguntan estas cosas, pero yo me dedico a redactar notas, a qué hora me va a
dar tiempo de leer”, comentó en su defensa y agregó que esta es una deuda que
tiene a pesar de que se lo ha recomendado Octavio Vélez, un grande del periodismo
en Oaxaca y su amigo Diego Osorno.
Acusar
es fácil, que lo demuestren
Para la sobrevivencia de su medio, Jorge Luis explicó que
actualmente solo tiene contrato de publicidad con el gobierno del estado y, como
negocio familiar que es, todos los miembros de su familia y de la de Uriel
Rodríguez colaboran en lo que hace falta.
Hay versiones, en cambio, que pintan a Jorge Luis recibiendo una indemnización del gobierno del
estado, como damnificado de 2006 o asesorando al diputado local Flavio Sosa. Y
hace un mes comenzó a correr el rumor de que trabaja para la policía.
Al preguntarle acerca de estas versiones, Jorge Luis
cambia su gesto, hasta entonces sonriente. Adopta una actitud seria y con suma
rapidez responde: “Nada más falso que eso”.
“Para comenzar, los únicos a quiénes se les ofreció
indemnización es a los que fueron a la cárcel o presentaron denuncias en contra
de Ulises Ruiz. Pero, para quienes se rasgan las vestiduras, por quienes
aceptaron la indemnización, solo puedo decirles que ningún dinero, por mucho
que sea, va a reparar el dolor, la angustia y el sufrimiento de la gente que
fue detenida en 2006 y 2007.
“Nada va a pagar a
los muertos, nada va a pagar las lesiones de la gente. Quisiera ver a esos que
hablan en la misma situación, algo difícil porque es gente muy cobarde”.
Cuando se le preguntó si es reportero o policía, como se
viene diciendo de él desde el tres de agosto pasado, se limitó a abrir su
laptop para mostrar la evidencia de la falsedad de tal dato.
Para esa fecha el gobierno del estado enfrentaba un momento crítico del conflicto intermunicipal que sostenía desde hacía tiempo Santiago
Amoltepec, municipio ubicado a 350 kilómetros al sur de la Capital del Estado.
“Ese día yo ni
siquiera había trabajado. Ya era tarde, estaba en mi casa con mi hijo cuando uno
de mis contactos en la policía me habló. Como dije, el cuidado de las fuentes
da resultados. Me dijo que había algo importante en Amoltepec y en ese momento
salía una comisión para allá. Si llegas te vas, me dijo.
“No lo pensé, me fui enseguida. Por eso llegué en el helicóptero
de la policía, pero en ningún momento me presenté como empleado de Seguridad
Pública”, afirmó Jorge Luis.
Luego, mostró un video en el que llega junto con el subdirector
de Investigación Policial de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Fernando
Rivadeneyra, y una señora de la comunidad le pregunta quién es y él da su
nombre y dice que es periodista, momentos antes de que los habitantes de
Amoltepec los tomen prisioneros junto con otros policías.
“En todo momento
me acredité como periodista. Si alguien publicó lo contrario, está en su
derecho, puede hacerlo. No busqué réplica porque no me interesa hablar de
ellos. Prefiero que hablen de mí.
Entiendo que se me critique. Hubo cuestionamientos de los
compañeros porque no avisé, pero yo no podía hacer eso, yo no disponía del
helicóptero. Se enojan porque a mí me llaman y a ellos no, pero eso no es mi
culpa, solo es la forma distinta de hacer las cosas. En el pedir está el dar. He
visto mucho celo profesional y actitudes inmaduras”, dijo en torno a este
asunto Jorge Luis.
En cuanto a Flavio Sosa, solo dijo que lo conoce desde 2006
y que comenzó a tratarlo cuando éste salió de la cárcel y hoy puede
considerarlo un gran amigo, lo que no quiere decir que sea su asesor, afirmó.
“No solo se dijo que asesoro a Flavio, se dice también que
él está asesorando a los habitantes de Amoltepec. Se dicen muchas cosas entre
los compañeros, pero yo quisiera que lo prueben. Si se me comprueba que cobro
en la nómina de la policía yo me retiro, prometió.
“Acusar es muy fácil, pero que lo demuestren”, retó este
joven reportero que ya experimentó el miedo tremendo y la angustia que se
sienten cuando se está a merced de una turba. Lo estuvo por dos noches y dos
días en los que temió por su vida.
“Vigilaban todos nuestros movimientos. Nos dejaron hablar
a nuestras familias, pero ellos escuchaban toda la conversación. Hasta nos
pidieron que dijéramos que estábamos ahí porque así lo deseábamos. Me negué,
les dije que no mentiría. No nos lastimaron, yo tampoco transgredí sus reglas.
Pero, estando en la total inactividad, la mente comienza a pensar en tantas
cosas y el tiempo transcurre tan lento.
“Cuando se dio el aviso de que entraría la policía,
aunque era un rumor, la gente se fue a los cerros y yo solo pensaba en qué
pasaría con nosotros si había un enfrentamiento.
“Qué pasaría si alguno de los que nos vigilaban resultaba
herido y los otros se enojaban”, rememoró Jorge Luis, para quien el único apoyo
real en todo esto ha sido su familia. “En casos como este sólo contamos con la familia”, concluyó.
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