—¿Estudiar?, eso no se hace en la escuela sino fuera de
ella —dice convencido Adrián Carrasco Alonso cuando se le pregunta si, además
de dibujar esos bellos rostros que vende en los tianguis del Distrito Federal y municipios
aledaños, estudia.
Fiel a su consigna, este joven de 23 años, mejor conocido
entre la banda como Adrián Kellevra, dejó la Escuela Superior de Educación Física, donde cursó por dos años la licenciatura y comenzó a estudiar por su
cuenta Filosofía, Historia, Psicología y otras ciencias de su interés.
Ahora, los libros son sus maestros y además de leerlos
incansablemente se dedica a su pasión por el arte. El dibujo y la pintura
primero.

Le preguntamos por qué no busca una escuela de artes
plásticas para aprender más técnicas o por qué no se inserta en el mundo de las
galerías para que más gente conozca lo que hace y, por qué no, venderlas a
mejor precio del que las vende ahora en los puestos callejeros. Él responde:
— Lo que pasa es que me gusta más la música.
Y a eso también se
dedica, toca guitarra acústica y compone canciones. Y esto lo aprendió de la
misma forma: con sus amigos. No siente que necesite de más, piensa que nació
para el arte, para todas las artes: música, danza, pintura, etcétera. Todo lo
puede hacer muy fácil, como si ya lo hubiera hecho en otras vidas y sólo
tuviera que recordarlo, dice.
Piensa, también, que los jóvenes no deben dejarse engañar
ni instruirse por el Sistema. “Tenemos nuestra propia mente, no debemos
dejarnos engañar, no debemos dejar que nos cambien, que nos reorganicen. Todos
tenemos una vida por vivir y este Sistema solo dice ‘que sobrevivan los más
aptos’. Dice ‘sobrevivir’ no vivir”, subraya.

dubitativamente al principio y luego muy seguro:
—¿Hacer?, no sé, yo sólo quiero ser.
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