
En la Europa del siglo X, el torvo jefe de un grupo de guerreros vikingos le pregunta a un poeta e historiador, embajador del refinado mundo árabe en tierras nórdicas, si sabía trazar los sonidos.
“Sí,
los sé trazar y cuando los veo trazados también sé descifrar lo que dicen”,
responde, tras razonar la pregunta, el personaje interpretado por Antonio
Banderas en la película Los 13 guerreros, una
cinta basada en una novela de Michael
Crichton que a su vez se inspira en el poema clásico inglés Beowulf.
Y,
qué otra cosa hacemos al escribir, sino trazar sonidos, retratar nuestra forma de hablar
usando signos que, en el caso del español son 27 grafías o letras, tres dígrafos (ll, rr, ch); 13 signos de
puntación; la diéresis (¨) que usamos para devolverle su sonido a la "u" en palabras como güera o agüita y la tilde o el acento (´), esa rayita diagonal que usamos, sobre algunas letras, para marcar la sílaba que
pronunciamos con mayor fuerza, cuando la escritura natural de alguna palabra no representa nuestra pronunciación habitual. Por ejemplo: no decimos "arbol", decimos "árbol", no decimos corazon, decimos corazón; no decimos cafeina, decimos cafeína.
Eso
no es todo. Los acentos no sólo sirven para que nuestros lectores o
descifradores de trazos sepan dónde imprimimos mayor fuerza a la
pronunciación, también sirven para imprimirles un significado total o
parcialmente distinto a trazos similares.
Así
por ejemplo: no significa lo mismo méndigo que mendigo; ápodo que apodo; mérito que merito; modulo que módulo;
construyo que construyó; admire que admiré; se que sé;
etcétera.
Desafortunadamente,
la corrección en la escritura está perdiendo importancia en los últimos
tiempos. Ni las instituciones educativas ni los medios de información e incluso
ni las empresas editoriales se preocupan por la calidad de lo escrito. La ley del mínimo
esfuerzo y la apuesta por una producción veloz y a menor costo imperan.
Escribir, atendiendo las reglas, se ve como una necedad, como una imposición de la Real Academia, cuando es en
realidad una necesidad para comunicarnos con eficacia. Las reglas gramaticales
y ortográficas no hacen más que recoger la manera en la que hablamos y
explicarnos a los hablantes y no hablantes de español cómo podemos hacer esto mismo por escrito, mediante los trazos
convencionales de nuestra lengua.
Como
apunta Gabriel Zaid en su artículo Periodismo cultural:
“Lo escandaloso no es que se
escriban reportajes, comentarios, titulares o pies de fotos con tropezones
parecidos (Fox, leyendo Borgues en lugar de Borges), sino que lleguen hasta el
público avalados por sus editores. O no ven la diferencia o no les importa. Así
como los títulos profesionales avalan la supuesta educación de personas que ni
siquiera saben que no saben (aunque ejercen y hasta dan clases), los editores
avalan la incultura como si fuera cultura, y la difunden, multiplicando el
daño. El daño empieza por la orientación del medio (qué cubre y qué no cubre,
qué destaca, bajo qué ángulo) y continúa en el descuido de los textos, los
errores, falsedades, erratas y faltas de ortografía”.
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Una experiencia (de lectura opcional):
IESO,
especial atención a la corrección en la escritura
En un intento por llamar la atención, entre la ciudadanía, acerca de la necesidad de escribir correctamente, me propuse, con mis grupos de estudiantes del Instituto de
Estudios Superiores de Oaxaca (IESO), llevar a cabo una campaña de acentuación en la ciudad de oaxaca durante el tercer cuatrimestre de 2010.
Todos ellos son estudianes de la carrera de Comunicación. Afortunadamente contamos con el apoyo de la coordinadora de la carrera, Magdalena López Rocha, quien ha puesto
especial interés en promover, no sólo entre los alumnos sino también entre el personal
docente y administrativo de esta institución, la importancia de escribir de manera correcta.
Gracias a esto también pudimos organizar el primer
concurso de ortografía en el IESO, donde participaron todos las personas que se han integrado a los cursos de Redacción y Ortografía: hijos del personal docente y administrativo y estudiantes del Instituto.
En este certamen participaron 10 equipos, de cuatro
alumnos cada uno, y resultaron ganadores los estudiantes del equipo
del séptimo cuatrimestre, grupo "A".
A los tres primeros lugares se les colocó una corona de laureles, como
símbolo del honor que representa escribir de manera correcta nuestro idioma y
se les regalaron algunos libros donados por la Secretaría de Cultura. No se pensó en ningún premio de carácter económico porque se pretende recuperar el valor del prestigio, por encima de la valoración monetaria que actualmente domina en prácticamente todos los ámbitos.
En cuanto a la campaña de acentuación por
las calles de la ciudad de Oaxaca, los estudiantes se organizaron, durante esta semana de noviembre, que acaba de terminar para llevarla a cabo.
Noventa jóvenes, divididos en equipos, se dedicaron a detectar rótulos, de
instituciones o negocios, en los que hicieran falta o sobraran acentos, para
corregir los gazapos con la previa autorización de los dueños de los establecimientos.
De acuerdo con lo relatado por los estudiantes, la gente se mostró
agradecida de que les hicieran conocer sus errores y hubo algunos que incluso
se avergonzaron, mientras que, los curiosos se mostraban interesados en lo que sucedía, aunque incrédulos. Tal vez, como la mayoría, ellos tampoco juzgan importante acentuar.
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